Ser fuente de información o reflexión para alguien implica el inicio de un proceso de cambio mental o intrínseco en la persona a interrogar.
Puede ser de actitud – positiva o negativa – ante el estímulo generado por la(s) pregunta(s) o simplemente el cambio de contexto mental del interrogado y su visión hacia el interrogador (es).
Estas actitudes que son clasificadas como distress o eutress, en términos psicológicos, no son el único fenómeno que observo en dicho proceso de aprehensión cognitiva.
Algo que me llama mucho la atención al entrevistar a algunos profesionales de diversas ramas, es el rol y las poses que adoptan éstos al ingresar al campo abstracto de la reflexión y la expresión verbal de dichos pensamientos, que en muchas ocasiones se estructuran en el momento - obviamente de la conversación -.
Es sencillo narrar algunos hechos vividos, pero la cosa se complica cuando se intenta interpretar dicha experiencia, sobretodo ante los estímulos generados por la pregunta, y la presión de una cámara que graba cada palabra, y deja al descubierto la esencia de las acciones pasadas.
Lo curioso es que muchos interrogados adoptan una actitud negativa, furiosa o recelosa con sus respuestas a emitir. De pronto uno se pregunta ¿Cuál es la causa de dicha molestia?
Este enojo causado por la aprehensión de la interrogante en el interrogado, es simplemente una incapacidad propia de expresar una respuesta sinóptica sobre un tema que puede ser muy complejo, pero gracias a la observación y reflexión previa, se hace simple a la vez.
¿Hasta que punto las preguntas gozan del privilegio de la ignorancia o simplemente la diferencia de racionalidad?, ¿Es un error o un deber del interrogador plasmar su desconocimiento en ellas? o ¿Es la incapacidad para responder del interrogado la que ocasiona estos ruidos comunicativos?
Debido a este problema es que se clasifican en la actualidad los tipos de entrevista, obviamente dependiendo de las preguntas a realizar, pero el hecho que una persona le pregunte a otra sobre algún tema NO SIGNIFICA que ésta se subyugue o enajene eternamente, es más, en muchas ocasiones es adrede dicha enajenación.
Sin embargo, al darse este problema se refleja la intolerancia dentro de la sociedad y, sobretodo, en la sociedad intelectual peruana.
Por otro lado, ¿Qué significa realizar una pregunta con una respuesta implícita? – Como esas que les gustan tanto a los políticos o intelectuales – significa que no existe la pregunta, sólo es una especie de dialogismo, aunque exista un interrogador.
Pero ¿A quién le puede servir dicha información si debe previamente racionalizar como el interrogador? ¿Para que preguntar algo sobre lo que ya razono?
Si hay algo que se debe de defender, tanto como el derecho a la vida, es el derecho a preguntar y razonar libremente, sin molestias o discriminación de por medio, porque es un atentado contra la comunicación y el desarrollo mental de un país.
