viernes 12 de marzo de 2010

La estafa universitaria es la pendejada educativa y empresarial

¿En qué consiste una estafa? ¿Cuándo es correcto decir “me estafaron”?

Según el diccionario estafar, entre otros significados, es pedir o sacar dinero u otras cosas de valor con artificios y engaños, y con ánimo de no pagar.

Yo puedo aplicar este significado a muchos contextos, y antes de ingresar al que me corresponde, me permito dar un ejemplo.

¿Podemos llamar estafa a la acción de un político que durante su campaña promete muchas cosas de ser electo y cuando llega al poder no cumple ni siquiera una de ellas o solo 2 de 20?

¿No se aplica el significado de estafa? El político pidió mediante un engaño algo de mucho valor para el – el voto – y lo recibió con ánimo de no pagar – no cumplir las promesas -.

¡Es una estafa…!

Si estoy en lo correcto puedo asegurar que me han estafado con mi educación.

Yo entiendo, más no comprendo, que la educación sea un negocio en la actualidad. Cualquier persona con algo de capital y una casa grande puede transformar su vivienda en un colegio, sin mayores contratiempos. De igual manera existen en la actualidad muchas instituciones de “educación superior”, que para captar estudiantes, otorgan títulos a nombre de la nación.

Hoy abundan las universidades de dudoso prestigio educativo que no contribuyen, salvo con su pésima formación académica, al desarrollo del país.

Voy a trasuntar una cita del filósofo TAINE, en alusión a la educación latinoamericana, registrada del libro Psicología de las masas de Gustavo Le Bon en su capítulo la instrucción y la educación:

“En las tres etapas de la instrucción – en la infancia, la adolescencia y la juventud – se ha prolongado y sobrecargado la preparación teórica y escolar en los bancos, libresca, centrada exclusivamente en el examen, la graduación, la obtención del título, y ello por los peores medios: por la aplicación de un régimen antinatural y antisocial, mediante el excesivo retraso del aprendizaje práctico, el internado, el entrenamiento artificial y el cumplimiento mecánico de tareas, por la sobrecarga, sin tener para nada en cuenta el porvenir que le espera al hombre, una vez adulto y las profesiones viriles que ejercerá; sin considerar el mundo real en el que va a ingresar a poco el joven, la sociedad a la cual hay que adaptarle o frente a la cual se tiene que resignar de antemano, el conflicto humano en el que, para defenderse y aguantar, ha de ser previamente equipado, armado, ejercitado, endurecido. Este indispensable equipamiento, esta adquisición, más importante que todas las demás, esta solidez del sentido común, de la voluntad y de los nervios, no es algo que proporcionen nuestras escuelas; lejos de capacitarle, le descualifican para su próximo y definitivo destino. Su entrada en el mundo y sus primeros pasos en el campo de la acción práctica no son la mayoría de las veces sino una serie de dolorosas caídas; queda marcado de ellas, malherido, o incluso inválido ya para siempre. Se trata de una dura y peligrosa prueba; el equilibrio moral y mental se altera y corre el riesgo de no restablecerse; sobreviene la desilusión de un modo brusco y total; las decepciones han sido demasiado grandes y los disgustos muy intensos”.

Este libro de 1983 y reeditado 3 veces más, tan leído, tan paradigmático, nos presenta una visión tan adelantada y catastrófica de nuestra educación, pero, como todo, cae en saco roto.

Y los preguntamos, por qué la sociedad peruana es como es, y por qué la gente es tan individualista, o como otros dicen, tan “basura”.

DIGO me han estafado, porque he recibido una formación profesional bajo una lógica, que aprobada por las cabezas académicas, es antisistema, se me ha presentado ante mis ojos un panorama lleno de problemas y atrasos, que se resuelven con ideas y acciones que no concuerdan con la lógica que prima en el sistema actual.

En otras palabras, si creo una universidad donde mis profesores y decanos se quejan de la actualidad profesional acorde con el campo o rama, y formo a los alumnos para que actúen de manera contraria al sistema. Entonces se concreta la estafa, si luego estos alumnos, ya graduados de la institución, no los apoyo económicamente en sus proyectos que, casualmente, tienen el objetivo de afrontar dicho problema que fue presentado en los salones de clase.

La universidad no puede ser una empresa comercial como cualquier otra, debe ser una institución que invierta en sus graduados que defienden las ideas que ésta misma imparte en ellos, y que sostiene con el objetivo de captar más estudiantes.

Destaco una parte de una de las respuestas que me dieron en mi propia alma Mater:
“A nosotros no nos conviene apoyar proyectos de nuestros graduados, porque eso no tiene sentido…”
“Yo veo el proyecto interesante, pero tengo que ver mis prioridades que es la de captar más estudiantes y no es mediante tu proyecto, sino la publicidad…”.

¿Acaso es correcto, ético, legal educar bajo una línea educativa para luego arrojar a los alumnos al campo y no apoyarlos con sus proyectos? ¿Acaso caemos como dice TAINE en la retórica y los exámenes memorísticos y no apoyamos en nada la formación práctica de los profesionales?

Así jamás habrá un cambio en nuestro país, y me parece increíble que esta estafa se realice a vista y paciencia de todos -Padres de familia, padres de la patria y estudiantes-.

Yo escribo esto porque no solamente soy estafado, también soy independiente y con o sin apoyo, donde sea, igual escribiré o hablaré de las sinvergüencerías, los abusos y maltratos que recibimos a diario de este sistema y esta sociedad individualista.

Por cierto que soy comunicólogo autodidacta a pesar que soy graduado universitario, aunque suene paradójico.

Que vergüenza y que lástima me da esa gente que hace lo que le da la gana con las generaciones que exigen un cambio, y sólo les dan un simple y burdo cambio de imagen.


“Yo te digo como tienes que ser, ver y actuar durante 5 años o más, pero cuando lo vayas a hacer no cuentes conmigo”.
Firma: LA UNIVERSIDAD PENDEJA