miércoles 23 de septiembre de 2009

Una verdad que no se busca sólo se crea

La función de la clase intelectual de un país es poner los temas en agenda, dictar cuáles son las fórmulas para estructurar opiniones, dirigir el destino cognitivo de la sociedad, estructurar un listado sobre cuáles deben ser los libros que debemos leer y por supuesto, conceptualizar lo que somos, lo que vemos y lo que debemos pensar de ahí en adelante.

“Si deseas observarte debes, antes, leer el libro que un europeo escribió sobre ti, de lo contrario no te entenderás…”

Así de complicada está la situación o de manipulada está la verdad, parece que la realidad observable se ha vuelto imaginada y muy distinta y lejana a la ideal.

¿Se acabó el mundo corpóreo?, nuestros sentidos sólo deben limitarse y trabajar para unas cuantas mentes “brillantes”, ¿Acaso ya nacieron los buenos, los inteligentes, los superiores y los dueños de la verdad?

¿Por qué se deben pedir tantos permisos para expresar cosas que uno ve y no ha encontrado en ningún libro europeo o norteamericano? ¿Acaso nuestra capacidad intelectiva y productiva es dependiente de lo que los foráneos dicen? ¿Qué sentido tiene repetir lo que otros dicen si somos tan humanos como ellos y quién mejor que nosotros mismos para definirnos?

El consenso sobre esta problemática es la obtención del poder, ya sea económico o hegemónico cultural y religioso, pero es increíble ver la estructura de todo un pilar académico sobre una nación entera y plasmada en un libro (alusión al libro: ORIENTALISMO – Edward Said).

“Yo no quiero que veas lo que es sino lo que yo observo y opino acerca de ello”. No puedo esperar, es más, no puedo vivir esperando que Otros me digan qué es lo que debo decir, pero ¿Si ya es muy tarde? ¿Y si el mutismo o la ignorancia son caminos más seguros?

No sé si se puede escapar de esta vorágine de ideas ajenas y europeizadas bajo la racionalidad y la jerarquización de las cosas que son buenas y las que son malas.

¿Se acaban las oportunidades para ser diferentes? Hay gente enloqueciendo por no obtener una tajada, aunque sea pequeña, de la torta que brinda esperanzas para ser “feliz” y eso sin importar a cuántos debes matar para conseguirla.

Creo que debemos de tomar las lecturas como una opción más para ampliar nuestro criterio y reconocer que existen opiniones diversas, aunque a algunos les cueste aceptar que las sociedades son heterogéneas.

Las lecturas no son normas que uno debe seguir religiosamente, aunque se muestren tan, discriminadoramente, verosímiles.

“Parece que el ser humano dejó de buscar la verdad en la sociedades y se dedicó a crearlas y llenar la incertidumbre con una certidumbre manipulada”.

lunes 14 de septiembre de 2009

"Las víctimas no dialogan, exigen con derecho"

Luego de tratar el tema sobre el mensaje que encierran las paralizaciones sociales me quedó una idea que creo que encaja con la reestructuración de este análisis.

Yo me pregunto, ¿Es posible dialogar con una víctima de alguien o propia? ¿Es posible lograr una comunicación, es decir una conexión entre el contexto temático con el contexto de la víctima?

Mientras conversábamos con Jesús Jiménez y Luis Cabrera, salió la pregunta sobre el porqué el gobierno espera que un sector de la sociedad paralice para recién sentarse a dialogar, pero me pongo a analizar qué tan fructífero es ese diálogo si dos meses después o, peor aún, días después sucede exactamente lo mismo con el mismo sector o con otro distinto.

¿Es que la racionalidad apunta mal? ¿Es que el diálogo no funciona? ¿Acaso la emoción de todas maneras prevalece o es más poderosa que la lógica o la misma racionalidad? Yo creo que el problema es más profundo que un estímulo reacción.

En otras palabras, la cosa detona no porque el gobierno deje de hacer algo, ocasionando que la sociedad política mueva sus brazos y represente ciertos derechos, cosa que no me parece mal, en vista que la democracia no se da.

A mi me parece que todo detona en la mente, en el imaginario de los miembros de ese sector de la sociedad, y no me refiero a un sector específico sino a cualquier sector que tiene carencias, porque ya tienen estructurado en el pensamiento la imagen de víctimas, indistintamente si lo son o no, ya razonan bajo esa lógica, por ende ningún diálogo es fructífero.

Muy aparte, también, de la ineficiencia del gobierno y la corrupción política.

Las paralizaciones sociales representan un mensaje motivado por una necesidad, con su respectivo tratamiento político, cosa que se puede comprender como algo positivo, es la manera democrática de hacer política para un sector que no accede a los canales ordinarios. Ahí está el reforzador positivo.

Por eso, pienso, que no lo ven como algo negativo, sino como un derecho. Y pobrecitos los que se apegan a un libro para juzgar a quienes no tienen los mismos derechos en la realidad corpórea.

Yo diría que los diálogos que puede sostener el Estado con cualquier sector de la sociedad es infructífero a causa de que jamás logra encontrarse en el mismo contexto mental con sus víctimas, indiferentemente si lo son o no, jamás lograrán conectarse puesto que dichas personas ya tienen una acción sostenida por un argumento estructurado.

La única manera que exista un verdadero diálogo o interés por dialogar es cuando gocemos de una interculturalidad social y de un Estado nación.

martes 8 de septiembre de 2009

¿Qué mensaje encierran las paralizaciones sociales?



Tenemos como invitados a:
Jesús Jiménez - Consultor y periodista
David Cabrera Vargas - Psicólogo conductista

domingo 6 de septiembre de 2009

miércoles 2 de septiembre de 2009

El espíritu del nacionalismo

Somos una sociedad catalogada de compleja a causa de la diversidad y mezcla racial, pero siempre intentamos, sobretodo en época de elecciones presidenciales, poner a prueba nuestro nacionalismo o, como lo entienden muchos, nuestro amor por la nación y su desarrollo.

Actualmente en América Latina, ya no es una locura pensarlo, escuchamos constantemente la idea de crear una fuerza social popular unida por la única idea del amor a la nación, pero siempre tomando en cuenta que la nación está conformada por personas que comparten una identificación aparte de subjetividades, carencias, falta de oportunidades, discriminaciones, etc.

Estamos hablando de un nacionalismo conformado por personas, en términos de Benedict Anderson en su libro Comunidades imaginadas, que viven dentro de un tiempo homogéneo que tienen como único objetivo el desarrollo de su sociedad y el respeto de sus derechos como Estado - nación.

Pero, ¿Qué puede unir a estas personas? O ¿Por qué este autor se atrevió a pensar que pueden existir grupos o masas homogéneas?

La clave está, y en términos de Freud y Gustavo Le Bon en sus respectivas sicologías de las masas, en el imaginario colectivo, que no son más que imágenes componentes que engloban una imagen general que identifica a estos individuos generando un consenso y hasta una comprensión empática sobre cómo se pueden sentir así estén al otro extremo del país, o incluso ajeno al mismo, sin necesidad de conocerlo o identificarlo - porque viven en un tiempo homogéneo -.

Esta impresionante capacidad del ser humano por relacionarse y crear una sociedad casi imposible de unificar de manera física, pero sí mental, y distribuida solo gracias a la lengua, la escritura y la imprenta.

Una de los puntos claves del nacionalismo es la historia y su estructura narrativa donde predomina el sacrificio desinteresado por la nación de héroes sacrificados por la misma y en nombre de la libertad y la utópica igualdad de clases.

Y esta historia la que genera emotividad en los cidudadanos estructurándose en signos lingüísticos.

Pero, no es la única cara que muestra el nacionalismo, porque es difícil pensar que las personas con poder económico, tanto en el pasado como en la actualidad, inviertan por una causa popular, y me refiero a la impresión de libros con dichos contenidos, como se dice: “el poder siempre está en las masas, pero no con las masas” y si las vías de dominación empiezan a ser cuestionadas, como sucedió con la religión y las dinastías en el pasado, se deben de tomar medidas para convencer y manipular.

Existe un "nacionalismo oficial", o un seudo nacionalismo, que se encarga de utilizar los conceptos populares, en favor de intereses personales, obviamente para detentar el poder por muchos años, cosa muy común entre los "nacionalistas oficiales" de la actualidad.

Esto nos hace ver que el verdadero nacionalismo no está en la política sino en las calles, en la “educación social”, en la familia, en la acción, en el razonamiento, creo que por esta razón tan compleja uno no puede sentirse nacionalista, en el verdadero sentido del concepto, mientras la iniciativa parta de la política o de algún capital.

"El concepto de nación se basa en subjetividades, puede ser que en el campo físico convivamos bajo influencia foráneas, pero internamente podemos estar intactos y respetarnos como Estado nación".