martes 10 de marzo de 2009

Cuando engañan los sentidos

“Lo que uno espera, es lo que uno percibe”. ¿Cómo ser racional en una situación altamente emocional? ¿Inteligencia emocional? ¿Acaso no recomiendan los científicos expresar lo que uno siente, sobretodo si es negativo, porque hace más daño el no expresarlo?

Actualmente, escucho a muchas personas citar o mandar a leer el libro de Daniel Goleman, inteligencia emocional, pero es complicado comprender y accionar de acuerdo a las reglas que el autor menciona.

Porque lo más importante del manejo emocional no es seguir reglas estrictas sino conocer el accionar propio ante diversas situaciones. Tampoco retirarse en plena discusión, ocasionando encono o frustración. Es difícil seguir las conclusiones de libros que encierran una investigación profunda y extensa.

Y no digo que el autor o su investigación caigan en falacias, sino que la interpretación del lector, como ya lo dije y ratifico no existen textos cerrados, es muy amplia.

Sucede que una investigación tan cargada y extensa está obligada a dejar muchas conclusiones que al final dejan abiertas muchas interpretaciones.

La frase que digo al inicio es algo que he podido notar al aplicarla en una situación personal y altamente emotiva.

Luego de estar ante una situación colérica, pensé en seguir a la persona con los ojos cerrados, para notar qué imagen mental observaba. Esto para saber cuál era mi objetivo a corto plazo. Cosa que ya expliqué en una columna anterior, sobre mi investigación.

Y sucedió que a pesar que mis oídos escuchaban el chancleteo de cada paso que daba la persona alejándose cada vez más, mi mente de pronto puso la imagen de ella volteando, como si fuera a conciliar.

Cosa qué yo esperaba y por eso continuaba con dicha discusión. Lo hice 3 veces, como para que no haya equivocación y la cosa fue clara.

Mi mente manipuló mis otros sentidos, porque cuando cerraba los ojos, el sonido de las sandalias desaparecía y estaba seguro que esta persona se había detenido, pero cuando abría los ojos observaba que la realidad era otra y contraria.

Yo me pregunto cuántas veces pasamos por esto y no nos damos cuenta de lo complicado que es darnos a entender por otras personas.

Y cuánto influye nuestro deseo por algo, con respecto a nuestros sentidos. Algunos siguen su impresión, su percepción sobre algo.

La idealización amorosa tiene mucho de esto, aunque no se vea en la realidad tan marcada. No estoy diciendo que es ni bueno ni malo, solo que hay que tener en cuenta que existe una expectativa cada vez que hacemos algo.

Y que el tema de las emociones es más complicado que otros, porque implica la subjetividad que nos hace tan humanos.